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por Royerliz Garcia

El final se acerca

Santiago, Centro Penitenciario Colina II, 2019

El final se acerca

Me di cuenta que pese que a que se escucha lejano, falta muy poco para que terminemos con el taller con el grupo de Colina II. Me entró un poco el sentido de urgencia y pensé en los rodajes que nos faltaban por coordinar y todo aquello que debíamos hacer. 

Desde hace un par de semanas hay un grupo de una Universidad que está dictando un taller en nuestra sala (sí, nuestra, por antigüedad). Ahora estamos en el subsuelo en una extraña sala completamente verde.

El día de hoy comenzamos conversando un poco y luego mostramos el ejercicio “Correo Audiovisual” que habían enviado los chicos de la cárcel de Valpo. Este video consistía en una serie de preguntas que les hacían los internos de Valparaíso y a los internos de Colina II (que también están haciendo este taller) 

El video no fue muy bien recibido por los internos, pues se incomodaron con lo caneras de las preguntas, encontraron que las preguntas estaban fuera de lugar y que no tenía nada interesante preguntarle a otro preso que cuantos vivían en su pieza, que cómo era la visita o peor aún si pensaban volver a delinquir al salir. 

Los ánimos del grupo bajaron después de ver el video. Anibal y Tamara intentaron proponer formas de responderles, pero los internos no se motivaban. Transcurridos unos minutos, Luciano tomó la iniciativa de escribirles algo, lo leyó en voz alta, y decidieron que fuese él quien hablara en representación de todo el grupo en la respuesta a Valpo. 

Todos nuestro alumnos de Colina II son internos que están próximos a salir en libertad, muchos de ellos en los próximos 6 meses ya estarán de regreso en la calle. Quizá sobre lo que más nos hizo reflexionar ver este video es sobre las perspectivas, el futuro y lo que pasará cuando aquello que llamamos Libertad, llegue al fin a sus vidas.

Después de grabar el video se generó un ambiente de confianza en el cual muchos de ellos nos sinceraron sus intenciones al salir de la calle.

Eduardo interpelo a Tamara preguntando ¿Usted cree que yo voy a cambiar? Tamara le respondió que los procesos de cambios son eso, procesos, que nadie cambia un hábito o un estilo de vida de un día para otro, que si uno tiene la intención de cambiar algo puede hacerlo, pero que nadie puede obligar a otro a cambiar. 

El resto de la jornada fue eso, confesiones y debates, ¿qué vamos a hacer cuando salgamos? ¿Es real eso de cambiar? ¿Creen ustedes que nosotros vamos a ser distintos?.

Toda la conversación me hizo pensar mucho al respecto, pues si bien nosotros (los profes) también anhelamos que ellos puedan salir pronto de la cárcel, me cuestiono, ¿qué tantas oportunidades les ofrece este sistema para reinsertarse en la sociedad, para intentar ser alguien distinto?

Pienso que por más intención que alguien tenga de cambiar, es duro combatir contra los hábitos, y mucho más cuando no conocemos otra realidad, otra manera de hacer las cosas. 

Las historias son muy similares, hogares incompletos o ausentes, SENAME, inicio delictual a temprana edad, droga, robos, condenas, cárcel. 

Es increíble como muchos de ellos han pasado incluso más de la mitad de su vida presos. Desde nuestros ojos, que sin duda han tenido un contexto más afortunado (con familias que nos apoyan, con redes de amigos, con posibilidades de “superación”, de estudios, etc) resulta difícil entender cómo alguien que ha estado tanto tiempo dentro de una cárcel, estando a punto de salir, podría plantearse volver a delinquir. 

Mi corazón crédulo y “de final feliz” fantasea con poder ayudarlos a todos, pero cada vez más me cuestiono aquello que de que exista una única forma de ser, una forma correcta de vivir. 

Creo que este taller es valioso por ser un espacio de encuentro, no creo que nuestro taller los haga cambiar y que al terminarlo sean todos unos “hombres de bien” (si es que eso existe) pero sí estoy convencida que se generan cosas, se mueven pensamientos y nos hace a todos reflexionar sobre la estructura en la cual vivimos. Las cosas no son tan blancas o negras como nos hace creer en nuestra vida. 

Nuestro regreso al Metro fue de conversación, de preguntas, de interrogantes. Es imposible no salir con esa sensación de impotencia hacia las injusticias de la vida, y no hablo de aquellas que están relacionadas con un falta a leyes y códigos, sino a las que marginan, ocultan y discriminan a ciertos seres humanos y a otros no.