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por Catalina Alarcón

Somos familia

Valparaíso, Centro Penitenciario Masculino, 2019

Somos familia

Yo no me sentía bien desde hace unas semanas. Muchas cosas pasando en mi familia, mucho estrés y cosas de salud que me tenían emocionalmente inestable. Quise ser sincera con los cabros y les conté que me pasaba. “Somos una familia y uno habla las cosas con la familia” . Andrés me miró y me sonrió. 

Les conté de mi abuela, de mi estrés y salud, de mi abuelo y su accidente. Les dije que no tenía tiempo de parar y que eso me estaba pasando la cuenta. 

Comenzó la clase, como siempre di las instrucciones, vimos escenas de reencuentros y las comentamos. Vale y Luco se hicieron cargo de todo con mucha solidaridad, liderando los procesos de grabación y narración de las historias sobre los reencuentros. Esto sucedió de manera natural, pero principalmente porque todos sintieron la necesidad de darme largos discursos sobre la vida, darme ánimo y consejos, lo que me dejó sin participar de la clase.

El primero en hablarme fue Guillermo. Guillermo me dice cabra chica, me reta cuando demuestro debilidad. “Este lugar no es para estar débil, nunca debes demostrar debilidad”. Acá puedes llorar, con tus amigos, con tu familia, allá afuera NO”. Me habla como un padre retando a su hija que está taimada, es duro pero al mismo tiempo respetuoso y preocupado de sus palabras, de encontrar metáforas que me puedan servir para entender lo que está pasando. 

Luego se me acercó Oscar. Comenzamos a tirar huincha dentro de la sala. Me dijo que desde hace varias clases que me veía cansada, pero que en esta clase me vio mal, muy triste. Le dije que no se lidiar con la muerte, que pensar que mis abuelos están viejitos y enfermos me hace mal al corazón. Me dijo que él todos los días se prepara mentalmente para la muerte de su padre. Sabe que cuando él muera nadie lo irá a visitar y eso lo preocupa, pero que mentalmente hace el ejercicio de prepararse para ese momento. Se culpa por no poder estar afuera apoyándolo, pero sabe que “lo hecho está hecho” y que debe seguir adelante. Me dijo que me quería regalar algo que le había “salvado la vida” en la cárcel. Me dijo que ese algo lo había sacado de la droga, “del barro”, de la depresión. Oscar metió sus manos en su chaqueta y no sacó nada, pero con ellas hacía el gesto de entregarme algo. Me dijo “Este es mi bastón, quizás es imaginario, pero te lo quiero regalar porque yo ya no lo necesito y tú sí, y necesitamos que estés bien para que las cosas sigan funcionando acá”. Me emocionó, me cayeron lagrimitas. Lo abracé y le dije gracias. Me dijo que cada vez que me sintiera mal que me apoyara en ese bastón. Lo recibí y lo guardé en mi bolsillo, como si fuera un mimo haciendo señas. Lo abracé y salí de la sala.

Solo pude pensar en lo increíble que estábamos construyendo en ese lugar. 

El último en darme sus consejos fue Francisco. Francisco me dice hermana de vez en cuando, a veces me dice Cata o señorita Cata. Tenemos una relación de mucha confianza. Se me acercó y me dijo que ya estaba bueno de estar triste. Me dijo que yo era una mujer increíble “todo lo que un hombre puede querer en su vida”, bajó la mirada y siguió hablando. Pensé “es esto una declaración de amor?” Me reí pero no le dije nada. Acto seguido me golpea el brazo y me dice “si te tuviera más confianza te pegaría el medio guate para que espabilí y te dejí de wear”. Me morí de risa. Me dijo que tenía que estar tranquila, que las cosas estaban bien, que ellos estaban bien dentro de lo que se podía y que yo tenía que dejar de hacerme cargo de ellos, que no podía seguir sintiéndome mal por ellos. Le dije que tenía razón. Me dijo “Mira hermana chica, tú estás haciendo las cosas bien acá y tení que seguir haciendo las cositas bien”. Le dije que sí, que tenía razón. Me dijo que era como quinta vez que le decía lo mismo, me reí, pero juro que esta vez sí le haría caso. Lo abracé  le di las gracias. Entre ellos se dicen de cariño “hermano chico”, y los he escuchado decir “hacer las cositas bien” cuando quieren referirse a salir a la calle con dignidad, con la pena cumplida de la mejor manera. Me pareció una frase preciosa para entender cómo el quería aconsejarme sobre lo que estaba pasándome. Un bruto, a punta de chuchada y golpe, pero con mucho amor, muy franco para sus cosas.

Me conmovió tanto lo que me dijeron. Me hizo pensar en lo importante que somos para ellos, en lo mucho que nos cuidan y se preocupan por nosotras, sentía que de alguna manera estábamos efectivamente “haciendo las cositas bien” y eso me llena el corazón.